“El hombre que, al ser reprendido, se vuelve terco,
de repente y sin remedio será quebrantado” Proverbios 29:1
En la revista
oficial del Instituto Naval estadounidense Frank Kock narró un raro incidente
en el mar. Un buque de guerra estaba haciendo maniobras y había mal tiempo.
Después de ponerse el sol el vigía dio aviso de una luz en la distancia,
entonces el capitán pidió al oficial radiotelegrafista que enviara un mensaje:
“Vamos a colisionar. Aconsejo se desvíen en 20 grados”. Unos minutos más tarde
llegó la respuesta: “Recomendamos que cambien de dirección”. El capitán, muy
enfadado, pidió que se enviara otra señal: “Soy el capitán del barco. Desvíense
20 grados”. Y de nuevo no se hizo esperar la respuesta: “Soy un simple
marinero. Deben cambiar de dirección”. Enfurecido, el capitán gritó una última
amenaza: “¡Soy un buque de guerra. Desvíense del camino!”. Volvió enseguida la
respuesta: “Soy un faro”. ¡El capitán cambio de dirección!
Es de necios no hacer caso a las señales que nos
advierten del peligro. Señales diversas: síntomas de problemas de salud,
conflicto matrimonial prolongado, hijos rebeldes, deudas excesivas, hábitos
destructivos, estrés que te paraliza. La lista es innumerable. Y no importa si
eres alguien muy próspero, influyente o muy ocupado. Cuando Dios te da un aviso
y te pide que cambies de dirección, si eres sabio no vas a discutirlo, sino que
obedecerás con rapidez. Aplícalo a tu vida personal: ¿Ha estado Dios tratando
contigo algo que no está bien pero le sigues resistiendo, o estás demorando su
ejecución? Las cosas funcionarán cuando te encamines rumbo a Él en lugar de alejarte.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


