“…Tenemos este tesoro en vasos de barro” 2ª Corintios 4:7
Escribe Pablo:
“…Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea
de Dios y no de nosotros” (2ª Corintios 4:7). “Vasos de barro” se refiere a
tazas, cazuelas, cuencos, y lo único que importa es lo que contienen. El
recipiente puede estar un poco descascarillado y sucio, pero una vez lavado y
seco se le puede usar de nuevo. Por lo tanto, no abandones porque alguien se
haya dado cuenta de que eres un vaso de barro con algún defecto. Hay un clamor
que viene del camino de Jericó que nadie más que tú puede oír. Tal vez un
ladrón moribundo pueda salvarse si le predicas en medio de tu dolor, porque el
mensaje que salva a los demás es el que también nos salva a nosotros. Aceptar a los caídos es la fortaleza —no la
debilidad— del Evangelio.
Hay una enorme
diferencia entre la frialdad de un corazón rebelde y el clamor de un corazón
turbado que dice ‘Dios, sálvame de mí mismo’. Una pequeña mirada a la gracia de
Dios nos pone de rodillas a confesar el pecado y renunciar a él, “…llevando
cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2ª Corintios 10:5). Escribe
un pastor: “La gente oye nuestro testimonio, solo centrado en los logros, y se
desanima. Piensan que mientras ellos pelean la vida a nosotros nos va todo
bien. Eso ocurre porque falsificamos los récords y no decimos toda la verdad.
Que Dios nos ayude. El mensaje debe ser que fuimos salvados por gracia, que
somos salvados por gracia, y que seremos salvados por gracia”. Si fuera
necesario, acude a casa del Alfarero y deja que Él te vuelva a poner en el
torno y te haga de nuevo (Véase Jeremías 18:1-4). ¡Pero no abandones!
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


