“— Señor —insistió Moisés—, te ruego que envíes a
alguna otra persona” (Éxodo 4:13 NVI)
Cuando Dios
llamó a Moisés y le pidió que fuera al palacio de Faraón a decirle ‘Deja ir a
mi pueblo’ este respondió: “Te ruego que envíes a alguna otra persona” (Éxodo
4:13 NVI). ¿Es así como te sientes hoy? Lee la respuesta de Dios a Moisés:
“Ahora, pues, ve, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de hablar”
(Éxodo 4:12). Cuando Dios te llama, te equipa. Pero no lo hace siempre por
adelantado. A veces tu formación se da mientras cumples lo que Dios te ha
pedido. Y eso puede asustarte. A lo mejor has estado diciendo a Dios ‘Me da
pavor hablar en público ¿cómo puedes pedirme que dirija la reunión?’ O ‘¿Por qué
quieres que solicite ese trabajo si no soy lo bastante cualificado para
hacerlo?
No puedes
confiar en tu perspectiva. Las únicas
aptitudes que necesitas para llevar a cabo la obra encomendada por Dios son Su
fortaleza y Sus capacidades. El resto es capacitación continua: solo tienes
que confiar en Dios y actuar siguiendo Su dirección. Eso no significa que nunca
vayas a estar temeroso, porque lo estarás. Pero ahí es cuando deberás ejercitar
tu fe para ir más allá de lo que imaginas y hacer lo que se requiere basado en
la información que tienes en ese momento. Eso te hará humilde, porque serás
mucho más dependiente de Dios que antes. Es muy probable que tengas que
plantear muchas preguntas a los que te rodean, y a veces repetirlas. Pero no tengas
temor de preguntar, ni de equivocarte, ni de buscar ayuda, ni de hacer las
cosas distintas a como las hizo tu predecesor. Si Dios te ha llamado para algo,
eres la persona idónea para la tarea. ¡Tenlo siempre presente!
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


