“Nada hagáis
por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad…” Filipenses 2:3 (Leer: Filipenses 1:27–2:4)
«¿Tiene alguna prenda que le gustaría que le lave?», le
pregunté a alguien que nos visitaba en Londres. Se le iluminó el rostro y,
cuando se acercó su hija, le dijo: «Trae la ropa sucia. ¡Amy la va a lavar!».
Me sonreí al ver que mi ofrecimiento había pasado de unas pocas prendas a
varios montones.
Más tarde, mientras colgaba la ropa al aire libre, me
vino a la mente una frase de mi lectura bíblica matinal: «con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores a [uno] mismo» (Filipenses 2:3).
Había estado leyendo la carta de Pablo a los filipenses, donde los exhorta a
vivir a la altura del llamado de Cristo, sirviendo y estando unidos los unos
con los otros. Enfrentaban persecución, pero el apóstol quería que tuvieran un
mismo sentir. Sabía que esa unidad,
fruto de su unión con Cristo y expresada en el servicio mutuo, les permitiría
mantenerse fuertes en la fe.
Podemos afirmar que amamos a los demás sin ambiciones
egoístas ni vana arrogancia, pero la verdadera condición de nuestro corazón
solo se revela cuando ponemos en práctica ese amor. Aunque estuve tentada a
quejarme, sabía que, como seguidora de Cristo, mi llamado era a poner en
práctica mi amor a mis amigos… con un corazón limpio.
Señor, muéstrame formas de servir a familiares, amigos y
vecinos para tu gloria.
La gracia de la unidad resulta del servicio mutuo.
(La Biblia en
un año: Hebreos 2:8-18)
AMY BOUCHER PYE
- (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN
DIARIO")


