“El Espíritu intercede por los creyentes conforme a
la voluntad de Dios” (Romanos 8:27 CST)
Puesto que a
veces oramos fuera de la voluntad de Dios, una tarea del Espíritu Santo es
cambiarnos la manera de pensar, no convencer a Dios de que nos conceda lo que
queremos. Por eso, el Espíritu “examina los corazones” al orar. En ocasiones,
las palabras no son suficientes; no siempre se sabe lo que de verdad piensa o
quiere alguien por la forma en cómo se expresa. Pero si pudieras ver su
corazón, sabrías muy bien cómo interpretar sus palabras. Eso es lo que hace el
Espíritu al examinar nuestros corazones; interpreta nuestras peticiones al
Padre. Pero puesto que el Espíritu Santo va a interceder por nosotros (apelar a
Dios a nuestro favor), nos convendría saber cuál es la voluntad de Dios. ¿Y
cómo la conocemos? Con Su Palabra.
Antes de orar
conforme a Su voluntad, tienen que suceder dos cosas.
Una: nutrirnos periódicamente de las Escrituras. Los
pensamientos de Dios vienen revelados en Su Palabra, así que cuando lees la
Biblia aprendes a orar como conviene.
Dos: para que nuestras oraciones no se queden
cortas, necesitamos meditar más en las Escrituras. Del mismo modo que un buen
cocinero deja que el estofado se cocine a fuego lento para sacarle todos los
sabores, necesitamos “marinar” nuestra mente en las Escrituras y dejar que
formen parte de nosotros. Al hacerlo, veremos que empieza a cambiar nuestra
vida de oración, puesto que la intercesión del Espíritu Santo va ligada a la
voluntad de Dios y esta a su vez ligada a Su Palabra. Podrás pensar que sabes
lo que quieres, pero solo Dios sabe lo que necesitas.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


