“…lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto,
agradable a Dios.” Filipenses 4:18 (Leer:
Filipenses 4:10-20)
Estoy agradecido de que
Dios me haya dado el sentido del olfato, para disfrutar de las fragancias de la
vida. Pienso en cuánto me gusta algo tan sencillo como el aroma refrescante y
atractivo de la loción para después de afeitar o el agradable olor del césped
recién cortado en primavera. En especial, me encanta sentarme en el patio de mi
casa, cuando el delicado perfume de mis rosas favoritas inunda el aire. Y, por
supuesto, también está el sabroso aroma de una comida deliciosa.
Por eso, me llama la
atención cuando el apóstol Pablo señala que nuestros actos generosos de amor
son como un «olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios» (Filipenses
4:18). Cuando pensamos en ayudar a los necesitados, solemos considerarlo una
acción correcta; incluso, como algo que Cristo haría. Sin embargo, Pablo afirma
que nuestros actos intencionales de
suplir la necesidad de alguien inundan el trono de Dios con una fragancia que a
Él le agrada.
Podemos deleitar al
Señor con las fragancias de ser una bendición para los demás. ¡Qué incentivo
adicional nos resulta esto para realizar obras de bondad en su nombre!
¿Quién podría necesitar
hoy tus actos bondadosos? Pídele a Dios que te guíe hacia esa persona. Sé una
bendición. ¡Es una obra fragante!
Esto es lo que espero
hacer por otros hoy:
Bendecir a otros es una
bendición para Dios.
(La Biblia en un año: 1 Samuel 10-12 – Lucas 9:37-62)
JOE STOWELL - (Devocional “NUESTRO PAN DIARIO")


