IMITANDO A CRISTO - POR AMOR AL
MUNDO
Por Faustino de Jesús Zamora Vargas
“Yo les he dado Tu palabra y el
mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.” Juan 17:14
“El temor del SEÑOR es aborrecer el
mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco.” Proverbios 8:13
El cristiano no debe sorprenderse si el mundo le aborrece.
Desde que somos depositarios de la Palabra de Dios y luchamos por hacerla realidad
en nuestras vidas, el mundo comienza a tornarse en el lugar adonde ya no
pertenecemos. Una falsa interpretación del concepto “mundo” llevó a muchos
hombres y mujeres a convertirse en ascetas, o sea, a vivir religiosamente con
sobriedad como ermitaños, apartados totalmente del mundo y de la sociedad para
dedicarse solamente a la oración, la meditación y la comunión con Dios. Pero
ese no es el mensaje del evangelio de Jesucristo. Él anhela todo lo contrario: aunque no somos del mundo, hemos sido
enviados al mundo a cumplir una misión gloriosa.
Cuando la Biblia
habla del mundo, no se trata de las personas, sino de todo imperio y fortaleza
espiritual que opera en el individuo para que se aleje de los designios y de la
voluntad de Dios. Estas fuerzas operativas son siempre atractivas y por
supuesto, pecaminosas. El pecado es el bufón del mundo, y convierte al hombre
natural en marioneta, que, como títere del diablo, se mueve por voluntad de él,
se rebela contra Dios y lo convierte en su enemigo. El mundo es el escenario
terrenal donde el cristiano tiene que interactuar y pelear con las armas del
Espíritu. ‘No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu,’ dice el
Señor de los ejércitos. (Zacarías 4:6)
Dios amó tanto al mundo que le aborrecía, que envió a Jesús: “Porque de
tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito (único), para que
todo aquél que cree en El, no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16)
No somos del mundo porque por Cristo y a través de Cristo, estamos
separados para Dios, por su gracia y no por obras. Aunque nos parezca
increíble, debemos concientizar que nuestra ciudadanía está en el cielo. La
sangre de Cristo en la cruz pagó el costo de nuestra nueva ciudadanía, el valor
de nuestros pasaportes para, desde este presente, viviendo en este mundo, tener
una perspectiva de la eternidad.
Él nos trasladó de las tinieblas del mundo y nos trajo a su luz
admirable. “Yo, la Luz ,
he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas.
(Juan 12:46). Me pregunto cómo puede
haber personas que rechazan la Luz
y aman las tinieblas. Me pregunto si en
realidad estamos siendo luz en un mundo velado por las tinieblas.
No es de extrañar que seamos rechazados por el mundo. El mundo no sabe
que la palabra de Dios en Cristo nos da poder para hacer la voluntad de Dios.
Tener a Cristo es tener la
Palabra de Dios. Jesús es el verbo encarnado. La Biblia tiene un hilo
conductor desde Génesis hasta Apocalipsis y es la promesa de una redención que
comienza con Cristo y terminará con Él. El enorme desafío es vivir en el mundo
y ya no ser parte de él, rechazar esas fuerzas opuestas al reino de Dios y aun
así, amar a las personas como Dios las ama, sentir compasión por las personas
que no tienen a Cristo, sea un simple ser humano o un arrogante
multimillonario.
¿Cómo estamos influyendo en este mundo con la Palabra de Dios? ¿Estás
dando palabra de vida eterna al mundo? Ese
es el reto nuestro. Imitemos a Cristo. Él nos prometió su compañía hasta el
fin. “…y ¡recuerden (he aquí)! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el
fin del mundo.” (Mt 28:20)
¡Dios te bendiga!
¡Dios te bendiga!
("Imitando a Cristo - por amor al mundo" es parte de la serie: "Imitando a Cristo")
En esta serie de meditaciones Faustino de Jesús Zamora Vargas nos anima a imitar a Cristo. ¿A quién mejor? Así como Cristo se enfrentó con agudeza y amor a las ideas y actitudes contrarias a Dios en su ministerio terrenal, el autor nos invita a comenzar a vivir un estilo de vida que confronte, desde la perspectiva bíblica y cristocéntrica, aquellos vicios y actitudes que se manifiestan en la sociedad actual para intentar anular los propósitos de Dios para el hombre. Todas las meditaciones tienen una perspectiva misional, porque Dios, esencialmente, es misionero.

