VIDA PLENA - APACENTANDO LA GREY (PARTE 1)
Por Faustino de Jesús Zamora Vargas
“Pastoreen el rebaño de Dios entre
ustedes, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere
Dios; no por la avaricia del dinero (no por ganancias deshonestas), sino con
sincero deseo.” 1 Pedro 5:2
“Entonces pondré sobre ellas un solo
pastor que las apacentará: Mi siervo David. El las apacentará y será su pastor.” Ezequiel 34:23
El apóstol Pedro dejó también una urgente comisión a la iglesia de
Jesucristo. Algunos lo entienden como un encargo sólo para los líderes, pero
creo que en el contexto del mundo actual su cumplimiento es para toda la
iglesia. La iglesia como comunidad de fieles en Cristo necesita cada vez más a
hombres y mujeres que entiendan el significado de apacentar.
Apacentar es una metáfora de
pastorear.
Pastorear es una metáfora cultural. Pedro no está expresando un deseo, sino una
orden, un mandato, una misión (como la Gran Comisión de Cristo). Esta comisión de Pedro
no está dirigida a gerentes, ni a empresarios, ni a presidentes, ni a
sindicalistas, sino a pastores o a aquellos que llamados por Dios ejercitan el
ministerio de la piedad y el amor fraternal con la diligencia que corresponde a
la ocasión. ¿Por qué prometer un bien para mañana si lo puedes dar hoy? ¿Por
qué dejar para después el anuncio de las Buenas Nuevas de salvación a esa
persona que Dios ha puesto en tu corazón si sabes que es un asunto de vida o muerte?
¡Sí, la salvación es un tema de vida o muerte!
Después de preguntar 3 veces a Pedro- ¿Me amas?- y este contestarle
afirmativamente, Jesús no le dijo: -Gracias Pedro por amarme-, sino: -Apacienta
mis ovejas- (Juan 21.17), es decir cuida a tus hermanos como un pastor a sus
ovejas. La iglesia debe tener un corazón apacentador y aunque los pastores al
frente de las iglesias deben ser respetados como tal, cada miembro de la
congregación debe prepararse para, llegado el momento oportuno, ante la
necesidad de cualquier otro hermano o hermana, asumir el rol de apacentador.
¿Qué significa apacentar?
En primer lugar significa alimentar. ¿Cuál es el alimento y cómo se debe
alimentar? La palabra de Dios es el alimento, o el buen consejo basado en las
Escrituras. Todos podemos alimentar al cuerpo de Cristo, no es necesario ser un
bibliólogo, ni haber pasado por muchos discipulados. La palabra fresca es un
bálsamo que alivia dolores y alimenta el alma. Es un asunto del corazón más que
de la erudición, no del emocionalismo, sino del fluir de una verdadera relación
con Dios. Cuando tenemos una verdadera relación con nuestro Señor podemos ser
apacentadores con su Palabra.
Otro significado es guiar. No somos el Espíritu Santo, pero si
él mora en el cristiano, entonces él nos capacita también para guiar a otros.
No necesariamente hay que ser un líder, sino más bien tener un corazón de
siervo. En la iglesia abundan las ocasiones para encauzar a otros hermanos que
son más débiles, que no han crecido lo suficiente, que han caído y necesitan
restauración. Las ovejas caen a menudo, resbalan, se meten en los desiertos de
la vida y necesitan la mano de un siervo vigilante y piadoso. Guiarlos para
movilizarlos a la acción, servirles con la mejor exhortación, ministrarles para
buscar de conjunto la mejor solución a su problema. Cada uno debiera estar
atento a las necesidades espirituales de aquellos que están a nuestro alrededor
y guiarles con la ayuda del Espíritu.
Un tercer aspecto es el de cuidar
(proteger). El
humanismo cala en las iglesias, se nos cuela vestido sutilmente con atuendos de
última moda, pero sigue siendo un sistema contrario al cristianismo, por tanto
“ateo”. Hay muchas nuevas doctrinas, tendencias religiosas, modas, mejunjes de
cualquier tipo de “espiritualidad” que dicen traer paz y bienestar, pero al
final llevan a la separación de Dios. Recientemente escuche a una hermana en
Cristo decir que el “yoga” era lo mejor para ponerse en contacto con lo divino.
Me reservo lo que le dije, por respeto. Tenemos demasiadas razones para
proteger al rebaño de Dios de lobos rapaces y doctrinas de panfletos.
El pueblo de Dios necesita apacentadores mientras llega el pastor
anunciado por el profeta Ezequiel en el versículo que encabeza esta meditación;
gentes transformadas por el poder del evangelio (Romanos 1.16 y Tesalonicenses
1.5), ungidos por la Palabra ;
que apacienten, pero que también se dejen apacentar. Tú eres uno de ellos, no
lo dudes. ¡Lleva la Palabra
a la acción! ¡Dios te bendiga!


