"...Por el fruto se conoce el árbol" Mateo 12:33
En una carta a George
Whitefiel, uno de los propulsores del Gran Avivamiento, Benjamín Franklin
escribió: “Sólo puedo expresar mi agradecimiento a los favores de Dios con mi
disposición a ayudar a Sus otros hijos, que son mis hermanos. Porque no creo
que los cumplidos y los agradecimientos, aunque se repitan semanalmente, puedan
hacernos evadir nuestras obligaciones hacia el prójimo, y mucho menos a nuestro
Creador. Mi concepto de buenas obras, se puede deducir con esto, es que de
ningún modo merezco el cielo por ellas. Entiendo el cielo como un estado de
felicidad infinita de duración eterna. Pues bien, no puedo hacer nada para
merecer tal recompensa… la fe que mencionas tiene su expresión en el mundo y no
quiero verla disminuida ni en mí ni en otro ser humano. Sin embargo, desearía
que esa fe fuera impulsora de más buenas obras de las que he visto hasta ahora;
con “buenas obras” me refiero a actos de
bondad, amor, misericordia y servicio a los demás; y no a ausencias por
descanso, lectura de sermones, ceremonias religiosas o largas oraciones llenas
de adulaciones y cumplidos…
Alabar a Dios es una
obligación; escuchar o leer sermones puede ser algo útil, pero si los hombres se
limitan a escuchar y a orar, como muchos hacen, es como si la utilidad del
árbol se midiera por el agua que recibe y las hojas que da, aunque nunca
produzca fruto”.
Cuando hacemos énfasis
en que la salvación es por gracia y no por obras, nunca perdamos de vista que
esa fe salvadora siempre produce buenas obras. La fe es la raíz de la
salvación. Pero los actos de bondad y generosidad son los frutos de la
salvación; y “…por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33)
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA PARA
HOY")


