"Finalmente recapacitó..." (Lucas 15:17 LB95)
El camino a la ruina
del Hijo Pródigo no se recorrió de repente. Fue una acumulación lenta y
constante, como el colesterol en las arterias. Él no valoró las bendiciones del
padre ni fue agradecido. Escribió David: "Bendice, alma mía,
al Señor y bendiga todo mi ser su
santo nombre. Bendice, alma mía, al
Señor, y no olvides ninguno de sus
beneficios. Él es quien perdona todas tus maldades, el que sana todas tus
dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de
favores..." (Salmo 103: 1-5). El Hijo Pródigo venía de una de las mejores
familias de la ciudad, y sin embargo acabó sin blanca, sin amigos, comiendo con
los cerdos, intentando satisfacer deseos legítimos de modo ilegítimo.
¿Por qué nos
inmiscuimos en aventuras extramaritales, nos emborrachamos y drogamos o nos
matamos trabajando y sacrificamos a nuestras familias en el camino? Porque dentro de nosotros hay un vacío que
nadie, sino Dios, puede llenar. Jesús dijo: "Finalmente recapacitó y
se dijo: ...Volveré donde mi padre y le diré: Padre, he pecado..." (Lucas
15:17-18 BL95). Si se lo permites, Dios te detendrá justo a tiempo. Te
recordará quién eres y a quién le perteneces. Empezarás a ver el fango en el
que estás metido, los falsos amigos, los logros huecos, la gente que te rodea
que no es más feliz que tú. Si es así como te encuentras hoy, vuelve a casa. Tu
Padre te está esperando para darte la oportunidad de empezar de nuevo. Él sigue
amándote igual que antes. Dile al diablo: 'He cambiado de parecer. Me vuelvo a
casa'.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA PARA
HOY")


