“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra
boca.” Efesios 4:29
Las frutas
podridas huelen muy mal y son inservibles. No queremos estar cerca de ellas, y
mucho menos comerlas. Lo mismo ocurre con el lenguaje corrompido. Sean chistes
de color subido, palabras obscenas, cuentos
sucios o lenguaje grosero, de ninguna manera debe caracterizar eso a un
cristiano.
El Salmo
141:3 nos dice cómo eliminar tal lenguaje: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová;
guarda la puerta de mis labios”. Si Jesucristo es el guarda de nuestros labios,
Él será quien determine lo que sale por ellos.
JOHN MACARTHUR
- (Devocional "LA VERDAD PARA HOY”)


