"El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo" Mateo 27:51
Una vez al año, el Día de la Expiación, el sumo sacerdote
podía ir más allá de la gruesa cortina del tabernáculo y acceder al "lugar
santísimo", donde estaba la presencia de Dios. Lo que le hacía apto para
entrar ahí era la sangre de un cordero sacrificado que cubría el propiciatorio,
bajo el cual reposaba el arca del pacto, como Dios lo había dispuesto. ¿Sabes
qué contenía el arca?". Los diez mandamientos, los cuales todos nosotros
hemos incumplido. El único modo del que Dios podía mirar la culpa de su pueblo
era a través de la sangre del cordero.
Ahora saltemos a la
parte de la cruz. Jesús "entregó su espíritu. Entonces el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba
abajo". Ese día todo cambió a mejor. En lugar de tus fallos, ahora puedes
entrar en la presencia de Dios, sabiendo que la sangre de Jesús cubre tus
pecados, y pedir cualquier cosa que necesites. "...acerquémonos
confiadamente al trono [de Dios] para recibir misericordia y hallar la gracia
que nos ayude en el momento que más la necesitemos" (Hebreos 4:16 NVI).
Tienes la aprobación de Dios asegurada cuando te acercas a Él diciendo: 'Vengo
en el nombre de Jesús y por los méritos de su sangre derramada'. Funciona igual
que un crédito: estás en Cristo, ¡así que tienes el aval perfecto! Por ello,
aun cuando creas que no eres apto o que no te lo mereces, si pides con fe, Dios
te lo dará "por medio de Cristo" (Efesios 4:32 TLA).
"Por amor de Sión no callaré y por amor de Jerusalén
no descansaré... hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en
la Tierra..." (Isaías 62:1,7)
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


