“El que duda es
semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una
parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del
Señor.” Santiago 1:6-7
La persona que duda y que no cree que Dios puede dar
sabiduría es como el mar ondulante e intranquilo, que se mueve de un lado a
otro con sus interminables olas, que nunca puede calmarse. No tiene sentido
alguno que tal persona suponga que recibirá algo del Señor.
Cuando se enfrenta a una prueba, un incrédulo que dice
conocer a Cristo dudará de Dios y se enojará con Él y finalmente se apartará de
la iglesia. Un cristiano verdadero que es espiritualmente inmaduro pudiera
reaccionar de igual manera porque reacciona emocionalmente ante sus
circunstancias difíciles y no entiende plenamente a Dios. En medio de una prueba, no tendrá una actitud gozosa, una mente
comprensiva, una voluntad dócil ni un corazón creyente. Parecerá incapaz de
buscar la sabiduría de Dios y no estará dispuesto a aprovecharse de los
recursos que Él ha provisto, sin conocer la solución de que puede disponer
mediante la fiel y constante oración al Señor.
JOHN MACARTHUR
- (Devocional "LA
VERDAD PARA HOY")


